viernes, 13 de abril de 2012

Para todos los militantes que están sanando nuestro futuro...

Para todos los militantes que están sanando nuestro futuro...



lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

hoy está más allá
de las nubes que elige
y más allá del trueno
y de la tierra firme

demorándose viene
cual flor desconfiada
que vigila al sol
sin preguntarle nada

iluminando viene
las últimas ventanas

lento pero viene
las últimas ventanas

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya se va acercando
nunca tiene prisa
viene con proyectos
y bolsas de semillas
con angeles maltrechos
y fieles golondrinas

despacio pero viene
sin hacer mucho ruido
cuidando sobre todo
los sueños prohibidos

los recuerdos yacentes
y los recién nacidos

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya casi está llegando
con su mejor noticia
con puños con ojeras
con noches y con días

con una estrella pobre
sin nombre todavía

lento pero viene
el futuro real
el mismo que inventamos
nosotros y el azar

cada vez más nosotros
y menos el azar

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

lento pero viene
lento pero viene
lento pero viene

Mario Benedetti


Hemos oído hablar últimamente de lo que se da en llamar "cambio cultural", que implica una de las sentencias más profundas de las que se ha hablado en estos últimos tiempos.
Desde nuestro punto de vista, "cambio cultural" acude no solamente a nuevas modalidades de comportamiento en nuestra sociedad, sino también a cambios en la conciencia colectiva.
Nuestra conciencia colectiva ha sido muy machacada a lo largo de las últimas décadas, sobre todo porque las nuevas modalidades generadas en la década del 90, en la Argentina y en el mundo, han llevado a la deconstrucción, si se quiere, de ciertas modalidades de conducta que se mantenían aún en nuestro país.
Digo deconstrucción porque los principales valores que una sociedad debe tener para poder ser una sociedad sana, y tener por ende poblaciones sanas, fueron devastados: la solidaridad, el entramado social, las acciones colectivas, y también el abandono de las responsabilidades en relación a los otros.
El neoliberalismo logró implantar el individualismo a ultranza en todos los niveles de nuestra sociedad, y la sociedad en sí perdió con esto los modelos de identificación necesarios en todos los ámbitos, sobre todo en lo familiar, que permiten las bases para la construcción de la subjetividad.
Los adultos nos quedamos sin argumentos para los jóvenes, porque los mismos adultos estábamos preocupados y ocupados en nuestros propios asuntos. Se perdieron los modelos sociales a seguir, o mejor dicho, se subvirtieron, en el sentido de la pérdida de ejemplos válidos y sólidos.

Difícilmente los jóvenes pudieran tomar como modelo los comportamientos excluyentes en todos los niveles que los adultos proponíamos.  Los adultos dejamos nuestro lugar de adultos y nuestra responsabilidad, o bien desarrollamos papeles estereotipados proponiendo como finalidad de la vida al dinero a como de lugar. Les enseñamos que la única vía de salida era solo y hacia adelante, sin esperar ni mirar a nadie. Y así nos fué.
Podemos sumarle a esto el desconocimiento del funcionamiento de las instituciones y del sistema democrático. Les enseñamos como votar y desentendernos de los deberes que el voto conlleva, y de las obligaciones que tenemos como ciudadanos de sostener el modelo democrático limpiándolo de hierbas malas.
También les enseñamos el silencio y el miedo, el no te metás y el perdón a los crímenes más aberrantes, desde las estafas hasta la misma muerte. En síntesis: les enseñamos el todo vale y la queja estéril, sin fundamento ni acción..
Los jóvenes son los hijos de esta sociedad, más allá de que individualmente creamos que educamos bien a nuestros hijos y que con eso alcanza. Quien milita es producto de nuestra indiferencia como ciudadanos, y quien mata es producto de nuestra desidia como humanos.


Este cambio cultural del que hablábamos ya ha comenzado, y en todo sentido son los jóvenes quienes ahora nos van mostrando el fruto de nuestras enseñanzas. Muchos de ellos destruyendo aquello a lo que no quieren llegar, que es el mundo de los adultos. Y muchísimos más comenzando a hacer aquello que nosotros no hicimos, poniendo el cuerpo en la militancia, a veces política y a veces no, pero siempre social.
Cuando cientos de jóvenes acuden a una villa de emergencia para asistir a las víctimas llevando ropa, comida, ayudando a reconstruir sus casas, no solo nos muestran que lo solidario y lo colectivo pueden rescatarse, sino que ponen en evidencia las incapacidades de los adultos que debiéramos estar junto a ellos y no estamos. De los representantes institucionales que debieran estar pero prefieren esquiar. Ponen en evidencia que los adultos hemos perdido el rumbo.  Son nuestro orgullo, por lo que hacen, y nuestra vergüenza, porque nos muestra lo que prodríamos haber sido y no fuimos
Cuando un ministro de la ciudad se compromete a arreglar una escuela  y no lo hace, la toma de la misma es un acto de defensa de la democracia, de las instituciones y del valor como ciudadanos que dicen: ya no nos mientan, no somos nuestros padres.
Y por eso es bueno que hagan y ver como hacen, porque al hacer están sanando nuestro futuro y dejándoles a sus futuros hijos y nietos, y también a los nuestros, el mundo que nosotros no supimos construir.
Por eso no importan las cosas que puedan decirse para destruir este impulso. No importa cuántos libros se publiquen y se escriban con el culo sentado en una silla, porque quienes lo escriben son los representantes de un mundo muerto que no se soportan a sí mismos y no pueden construir nada lejano de la muerte.
El cambio cultural viene "lento pero viene", y cuando llegue, como decía cierto escritor surrealista "la primavera será inexorable".


Hugo Basile

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