domingo, 8 de enero de 2012

Tenemos todo por hacer

Comienza un nuevo año, por tanto un nuevo ciclo, que se conjuga con un nuevo impulso político social renovado en diciembre.
Otros cuatro años por delante y todo por hacer. Pero ¿qué significa "todo por hacer"?
Significa que nos encontramos en una coyuntura en la que hay que reconstruir la realidad y crear nuevos sentidos, diferentes sustancialmente que aquellos que primaron durante tanto tiempo en nuestro país..
Cuando se habla de "cambio cultural" se habla precisamente de la creación de nuevos sentidos, que tomen en parte a aquellos que en un pasado supieron construir lazos sociales fuertes y una predilección por lo colectivo por sobre lo individual, pero al mismo tiempo, significa incorporar nuevas miradas, propias de esta etapa de la modernidad y, en cierta forma, resistir a otras tantas, tratando de crear certidumbres porque de eso se trata la recomposición de la esperanza.
Y es la esperanza, la posibilidad de la construcción de proyectos de vida la que se relaciona directamente con la Salud Mental, ya que la misma, en un mundo de incertidumbres y cambios bruscos, termina siendo devastada.

Y en cierta forma se ha perdido precisamente esa capacidad de generar proyectos colectivos, que no implican ni más, pero tampoco menos, que "hacer con el otro".
Cuando se pierde la capacidad de hacer con el otro, ese otro también incluye a la familia, cuyas relaciones se deterioran cuando las cosas no marchan bien, precisamente por la fragilidad de los vínculos signados por la individualidad.
Es por eso que pensamos que Salud Mental es vínculo, es escucha, es recuperar la capacidad de dar, del estado a la comunidad pero también del ciudadano a la comunidad: todos para todos.
¿Cuáles son las vías a través de las cuales podemos recuperar esta relación de salud?, precisamente a partir de la recontrucción psicosocial, donde hacen falta formas nuevas que deberemos construir. Espacios de encuentro necesarios, familiares, vecinales, barriales, comunales, donde plantear nuestras problemáticas y ver cuáles son las mejores vías para resolverlas entre todos, y ver cuáles son las herramientas de las que nos puede proveer el Estado para ayudar a resolverlas, pero un Estado que acompañe y ayude y no que lo haga por uno, invalidando de esta manera las capacidades de desarrollo del individuo.
Todo por hacer implica también creatividad y empoderamiento comunitario, como formas de recuperar la propia capacidad para "hacer" que en los peores tiempos de nuestra historia nos fue cercenada, a veces hasta con la muerte. Hacer es poder y poder es poder hacer.
"Llevamos la sociedad dentro", y por eso deben cambiar ciertos paradigmas que nos permitan incorporar nuevas representaciones, desde la escuela, desde la familia desde la sociedad. Un paradigma propio que al mismo tiempo eche por tierra el paradigma de la violencia, útil para las sociedades imperiales y guerreras y con modelos corporativos psicopáticos, pero inútiles y nocivas para aquellas sociedades que queremos vivir en paz y deseamos un desarrollo saludable para nuestros pueblos.
Ese cambio solo puede hacerse desde la necesidad del conjunto en relación directa con los gobernantes para juntos generar las políticas públicas que ayuden a modificar la realidad. Pero para eso tenemos que sentarnos a hablar para mantener o recuperar la grupalidad y para crear espacios que dejen instalada una nueva manera de construir el país que queremos.

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